¿Te gusta el dogging?

La antigua bodega de venta de vinos donde cenábamos continuaba manteniendo su carácter original conservando los antiguos toneles desde los que se servía el vino a granel. En este restaurante sirven una excelente carne de vaca vieja gallega por la que Ramon se vuelve loco.
De hecho a Ramon, hasta donde yo sé, le vuelve loco la mesa y el sexo. En eso, como en otras cosas coincidimos. Es por lo primero por lo que le acompaño y por lo segundo por lo que me contrata. Con el paso del tiempo conozco bien sus deseos y, por qué negarlo, él también conoce bien mis pasiones. Sabe perfectamente que para mí el sexo no es una profesión. Es una pasión que la vivo intensamente dando rienda suelta al juego del morbo compartido.
En este encuentro no habíamos pactado nada previamente y lo dejamos todo a la improvisación y a las sensaciones del momento, sin embargo conociendo a Ramon seguro que tenía algo pensado. Llegados a los postres y mientras degustábamos una excelente botella de Champagne Pommery Brut Royal, Ramon esbozó una amplia sonrisa y alargándome una bolsa me dijo: “Hoy quiero que te exhibas”.
Abrí la bolsa y encontré una delicada camisa de seda blanca y una cinta negra con la que cubrirme los ojos. Un cosquilleo recorrió mi cuerpo de arriba a bajo. La noche empezaba a tomar forma y, como siempre, prometía.
Subimos al coche, me vendó los ojos y me dijo: “Primera parte. Desnúdate completamente, quédate solo con tus zapatos de tacón de infarto, tus medias de encaje negras y ponte la camisa anudada justo por debajo de tus pechos” y arrancó.
Me excitaba la idea de ir desnudándome lentamente sin saber donde estaba, sin saber si era vista, sin saber si estábamos rodeados de una multitud, de un conductor despistado en un semáforo o en realidad sólo me devoraban sus ojos. Las burbujas y el morbo estaban haciendo efecto y sentía mi coño húmedo y caliente y mi piel deseosa de recibir mil caricias. Cuando quedé sólo con las medias, los zapatos y la camisa, abrió cuidadosamente mis piernas y, sin dejar de conducir empezó a acariciar mi cuerpo lenta y suavemente. Recliné ligeramente el respaldo del asiento, acomodé mi cuerpo para recibir sus caricias y acompañé su mano hacía mi mojado sexo que palpitaba de deseo. Sentí sus dedos acariciando cuidadosamente mi clítoris y buscando con determinación el camino de mi punto G. Lentamente introdujo dos dedos y empezó a follarme. Arqueé mi cuerpo, abrí mis piernas, lancé un suspiro de placer y pregunté: “¿Dónde estamos?” Su sola respuesta precipitó mi orgasmo: “Estamos parados en el semáforo de Carrer Pelai con Les Rambles…” En ese momento, casualmente, sonaba “Satisfaction” de los Rolling Stones y mis sentidos sólo atendían a la música, a sus dedos penetrando mi sexo y a los ojos que de bien seguro estaban puestos sobre mí y que sentía como caricias en mi piel.
Continuamos circulando durante un rato hablando de las sensaciones, del morbo de ser vistos, de los deseos ocultos, de los juegos secretos, de la vida y del placer mientras mi mano jugaba con su polla y se la ponía muy dura.
De repente paró el coche y me dijo: “Segunda parte: ¿Te gusta el dogging?”
Sin dejarme tiempo a responder abrió la luz interior del vehículo, abrió mi puerta, reclinó su asiento y apoyando mi cuerpo sobre el suyo puso un consolador en mi mano y susurró a mi oído: “Me gusta sentirte puta. Excítalos hasta que se corran encima de ti”
Ramon tiene la capacidad de llevarme al límite. Me hace sentir puta, me excita, pero al mismo tiempo me hace sentir apreciada, protegida, segura. Esas sensaciones contradictorias me encantan y me estimulan.
Al poco tiempo empecé a notar movimiento cerca de mí. Ramon les dijo que no me tocaran sólo queríamos su leche…Buuuuffffff es un cabrón pensé. Sabe jugar a los límites sin sobrepasarlos.
Notaba el ritmo frenético de muchas manos pajeándose. Jadeos. No sabía cuántos había y eso aún me excitaba más. Ramon no dejaba de tocar mi cuerpo, de acariciarme, pellizcar mis pezones, jugar con mi culo, dilatándolo y continuar hasta atraer su boca hacia mi boca y fundirnos en un beso largo y profundo mientras sentía como uno tras otro se corrían encima de mi piel. Me arqueaba hacia la polla que descargaba su leche caliente sobre mi.
Rock and Roll a toda mecha, semen, besos y caricias. No sé ni cuánto tiempo pasó hasta que Ramon pronunció las palabras mágicas: “Tercera parte. Ahora me toca a mi. Quiero follarte por el culo”
Suavemente y cuidadosamente me limpió, me sacó del coche y colocándome sobre el capó me penetró de un golpe seco, profundo, deseado. Tan deseado que me corrí con solo notar su polla dentro de mi culo, encadenando un orgasmo tras otro, hasta que con un profundo suspiro noté como el se corría en un orgasmo compartido interminable. Tras ello me deshizo el pañuelo que cegaba mis ojos y nos fundimos en un largo, tierno e intenso beso.
Una preciosa luna llena llenaba de luz la noche mientras a mi oído susurro: “Me gustas. Eres la mejor”.

NG

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