Una ducha erótica

Me llama una vez al mes. Con solo oír su voz pausada y profunda ya me excito.
Físicamente no es atractivo. Mide 1.60 mts siendo muy generosos. Tendrá unos 50 años. Cuatro pelos mal colocados y por su tipo, no ha pisado un gimnasio en su vida.
En cambio me tiene pillada por sus gestos, su amabilidad, su generosidad y como no, el deseo sexual que transmite. Toda un escort de Barcelona entregada al cliente.

De fondo suena la romántica voz de Nathan Roberts. Me encanta su canción “Forever Whith You”. Tengo que escoger para el, lencería sexy de lo más atrevido. Tiene dos grandes debilidades, la lencería sexy y la ducha erótica.

La ducha es nuestra cama particular. Nos convertimos en pasión pura y llegamos a tal punto de conexión que no tenemos ninguna prisa por acabar. Parecemos contorsionistas, llegando a tal grado de excitación que muchas veces nos corremos a la vez.

A mi el agua me vuelve loca. Cuándo me lo pide, soy la mujer más complaciente y feliz.
Es tan fanático de la ducha erótica que se pasaría horas follando y jugando debajo el agua. La ducha a toda presión combinada con los movimientos de mi cuerpo le provoca el éxtasis. Al ser bajito, se mueve como una serpiente en el agua y me pone a mil.

Nos besamos en la boca como dos novios, nuestras lenguas se separan y entre cascadas de agua nos lamemos por todo el cuerpo. Es uno de los pocos hombres que consigue que tenga orgasmos espectaculares de puta.

Nuestra relación es tan fantástica que una vez hemos acabado nuestra sesión especial de ducha erótica y sexo nos relajamos tranquilamente compartiendo un gin tonic en la coctelería Dry Martini en el centro de Barcelona.